Artículos de Opinión

SON SERES HUMANOS: EL ESTADO INOPERANTE
19 de diciembre de 2019
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Abogado y Catedrático Universitario

Por: Silvio Guerra Morales.
Como ser humano, como abogado, pero sobre todo como creyente en Dios, no puedo ser indiferente o ajeno al trágico hecho suscitado en la cárcel La Joya, en donde al mejor estilo del lejano oeste o al peor estilo de las masacres de las películas de karate chino o de las de los samuráis, perdieron la vida, según la cuenta, catorce personas. Catorce seres humanos. Catorce semejantes nuestros. Catorce personas que bien pudieron reintegrase a la sociedad como hombres productivos si se hubieren hallado en un centro, si bien es cierto privados de la libertad, ya pagando penas o en detención provisional, pero con planes ciertos de resocialización para luego ser reinsertados socialmente.
También los hay heridos. Algunos que se debaten entre la vida y la muerte. Ojalá no se sume una victima fatal más.
Los hechos, según se conoce, dan cuenta de una balacera o tiroteo suscitado entre bandos o pandillas que operan desde las cárceles. Fue una matanza. Se trata de dominio. El tigre, los leones, los osos, en general las bestias, luchan por su dominio. El machismo, o mejor dicho, la falsa hombría, también se impone entre las pandillas. Los méritos se ganan con la realización de actos en los que habrá de correr suerte la vida del pandillero o la vida inocente de la víctima, llegando no pocos de esos actos a las automutilaciones o cubrir el cuerpo con tatuajes en los que se resalta el mal, el demonio, lo satánico.
No puedo permitirme, como han salido no pocos a opinar, compartir ni tolerar el argumento de que se trataba de presos, o que “Allá ellos que bien sabían donde estaban metidos y el por que”, o “Esa gente que está en las rejas son gente de la peor calaña”.
Como abogado penalista, bien puedo afirmar que en las cárceles también son muchos los que encontrándose privados de la libertad no es cierto que hayan cometido delito alguno. Ello acontece por malas defensas de abogados neófitos; o porque no presentaron las pruebas del inocencia del acusado o, simple y llanamente, porque fueron negligentes en la defensa. No excluyo que una defensa de oficio puede mostrarse negligente en el encargo de la defensa pública. Nada tengo contra de ese instituto de defensores públicos, los hay brillantes, excelentes, me consta, pero no descarto en el análisis el cerro de casos que les encomienda semanalmente y realizan audiencias que solo Madlock, el abogado de la serie, podría superar o realizar. Es decir, poco tiempo tienen para consagrarse a la defensa del acusado.
También pudo afirmar, luego de tantos años de estar dedicado al litigio penal, que en la calle también caminan muchos criminales que tuvieron excelentes defensas y quedaron ante el sistema como “inocentes”. En realidad, el sistema de la justicia penal a veces se torna como incomprensible. Está tan plagado de alimañas que le hacen mucho daño al sistema en sí visto como un método garante de efectiva justicia penal.
En otro orden de ideas, también han salido voces a culpar a la policía y a los custodios. El ministro Mirones no ha escapado de estas censuras populares. Mirones no cuida cárceles, señores. Pero de lo que sí estoy seguro es que entre el Ministro Mirones (Ejecutivo) y el Director del Policía tienen que empezar por depurar a todas las instituciones o entidades encargados de la custodia y seguridad de nuestros presos, de los privados de la libertad. Hay mucha delincuencia entre ellos mismos vestidos de uniforme y quepis.
Ahora, con estas muertes, la sociedad panameña, con todo derecho, podría preguntarse, sin duda alguna, ¿quién confía en las cárceles?. Detrás de todo ello, ahora mismo, hay cientos de miles de panameños y panameñas, y hasta extranjeros, pensando en sus presos que se encuentran en las cárceles panameñas. La noticia ha estado dando la vuelta al mundo.
Qué pena, que luego de esta nefasta tragedia, fatídico hecho, de conmoción total, es que ahora vengamos a reflexionar que se requiere adecuar el sistema penitenciario panameño a las nuevas modalidades doctrinarias y legales de cómo hay que enfrentar y concebir la seguridad penitenciaria, las penas y la criminalidad social dentro de un escenario de resocialización y rehabilitación, tal y como lo prescribe, empezando por la Constitución Nacional, el Artículo 28.
Alguien, de seguro, sabe que hay un negociado millonario que se mueve en las cárceles y que va, desde los famosos kioscos de chucherías y comestibles de paquetitos, hasta cigarrillos, drogas, sexo y, desde las rejas, el crimen que se produce en las calles, en los hogares y en los barrios, también ha sido forjado o concebido desde las cárceles.
No sólo se trata de papitas y mafás, hay mucho más allá detrás de eso!

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