Artículos de Opinión

Periodismo y democracia
3 de agosto de 2020
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Periodismo y democracia
Franklin Castrellón
Periodista

La Real Academia Española (RAE) define al periodismo como la “actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”. Por su amplio impacto social, político y económico, es la actividad profesional sujeta al más riguroso escrutinio público.
En ejercicio de su responsabilidad, gremios de periodistas y medios de forma individual y colectiva han evaluado su desempeño de forma autocrítica. En artículo publicado el 11 de julio de 2020 por el editor de la revista The New Yorker, Michael Luo, bajo el titular, “¿Cómo puede la prensa servir mejor a una sociedad democrática?”, Luo recordó la vigencia que tiene hoy día el análisis publicado en 1947 por la Comisión sobre Libertad de Prensa titulado “Una Prensa Libre y Responsable” (A Free And Responsible Press).
La comisión se originó cuando en diciembre de 1942, en respuesta a críticas que se hacían a sus publicaciones, el propietario de Time Inc., Henry Luce solicitó a Robert M. Hutchins, presidente de la Universidad de Chicago, que designase a un grupo de intelectuales para que examinase el rol de los medios y determinara si estos cumplían responsablemente los fundamentos de libertad de expresión en Estados Unidos.
Después de muchas divagaciones, Hutchings logró reunir en diciembre de 1943 a un grupo de prestigiosos académicos y autoridades en distintas disciplinas, entre quienes figuraban el experto en ética y teología Reinhold Niebuhr, el historiador Arthur Schlesinger, el laureado poeta Archibald McLeish, el científico social Charles Merriam y el filósofo William E. Hocking. La falta de un periodista en el grupo fue suplida con múltiples entrevistas a renombrados periodistas de la época.
En amplio sentido, la evaluación se concentró en establecer lo que esperaba la sociedad democrática de los medios de comunicación, versus lo que estos ofrecían a la sociedad, para entonces determinar los cambios y ajustes que deberían formularse para que los medios satisficieran su responsabilidad social. Lo que Niebuhr describió como articular las complejidades de lo existente con el fortalecimiento de una prensa libre y responsable.
La Comisión Hutchings, como se la denominó, sustentaba su misión en la necesidad de fortalecer la libertad de expresión, porque de ella dependen las demás libertades. “Debido a que la prensa es el conducto primario a través del cual las personas se involucran con las ideas que necesita para funcionar como ciudadanos democráticos, es que ella debe ser tanto protegida como sometida a escrutinio”, sostenía. El informe advertía que “la preservación de la democracia y, quizás, de la civilización podrían depender ahora de una prensa libre y responsable”.
Las complejidades señaladas por Niebuhr se han profundizado con el tiempo y, en la misma medida, ha evolucionado el periodismo. Este ha pasado de la vieja “objetividad”, “equidad” y “balance” al ejercicio de un periodismo comprometido con la búsqueda de la verdad. En artículo publicado en The New York Times, Wesley Lowery, ganador del Premio Pulitzer, exhortó a los periodistas a abandonar la apariencia de objetividad “para enfocarse en ser justos y decir la verdad, en la medida de lo posible, con base en el contexto y en los hechos.”
“Hoy día”, puntualiza por su parte Luo, “la idea de un periodismo ‘objetivo’ es criticado como de estilo perezoso, reflexivo y neutral, similar al de un reporte estenográfico”, en que se contraponen puntos de vista que pueden, incluso, desviar al lector de la verdad. Otro estudioso del periodismo, Michael Schudson, considera que la simple narración de los “hechos” puede colocar al reportero en riesgo de ser manipulado. “Cuando el individuo que reclama el derecho moral a la libre expresión es un mentiroso, una persona cuyo juicio político puede ser comprado, un deshonesto promotor del odio o la sospecha, el reclamo es indeseable y sin fundamento”, concluye el informe.
Fue precisamente esa objetividad, que con frecuencia bordea la complicidad, lo que le cobró la cabeza recientemente al editor de Opinión del NYT por haber publicado un artículo de un activista de la “supremacía blanca” cargado de odio y falsedades. Sabiamente, el Código de Ética del Colegio Nacional de Periodistas otorga esa primacía a la verdad en su primer artículo: “El periodista está al servicio de la sociedad, que reclama y tiene derecho a estar bien informada. Es su responsabilidad buscar la verdad de los hechos del interés de ella, y transmitirla a través de los medios a su disposición para satisfacer ese legítimo derecho”.

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