Artículos de Opinión

¿NUEVA CONSTITUCION O LA NEGACION DE ELLA?
24 de octubre de 2019
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Abogado y Catedrático Universitario

Por: Silvio Guerra Morales

En un país en el que suceden cosas extraordinarias e irregulares y que suelen pasar por “normales” o “aceptables”, nada de lo que está aconteciendo, respecto a las propuestas de reformas a la Constitución, debería causarnos extrañeza alguna.
En realidad se trata de unas propuestas de reforma constitucional o de un nuevo texto constitucional que han venido flotando en una lago maloliente de penas, angustias, pesares y disloques y en el que no falta, como la florecita del pastel, los buitres que quieren plasmar normas a la medida de sus intereses o sectores en donde tienen sus troncos de reposo y confort.
El escenario que se nos presenta acredita, amén de algún tipo de incapacidad para discutir o debatir con objetividad y en función de Patria las reformas constitucionales, la existencia de una cuestionada incredulidad de que realmente se esté pretendiendo, por parte de los diputados, el considerar, que lo que se está debatiendo, no es una propuesta meramente legislativa a ultranza o a tambor batiente, sino normas de carácter y esencia netamente constitucionales –megas normas- y que, una vez aprobadas en libre referéndum por el pueblo panameño, se convertirán en el creíble rosario jurídico de nuestra nación.
Nadie, en o absoluto, debería quedar por fuera en interesarse y presentarse en este debate y tema de primer orden en la agenda de país. Los temas constitucionales importan a todos. Ni persona natural o jurídica, tampoco sindicato u organización alguna, escapan de la tutela constitucional la cual, una vez consagrada en el estatuto de una Carta Magna de la República, también vendrá a ser el gran paraguas normativo para todos cuanto habitamos esta patria.
No podemos mirar con ligereza o con algún grado de indiferencia este debate constitucional. La indiferencia o la frialdad frente al tema puede conducirnos a que se nos cuelen o metan portafolios de normas que solo serán para complacer a ciertos sectores, pero jamás al soberano, esto es, al pueblo panameño.
Ello nos conlleva a sostener, junto a otros críticos, que la fórmula elegida por el gobierno –Legislaturas y debates en el Asamblea-, a fin de redactar una constitución o para presentar reformas parciales, en base al proyecto previo que le entregara la llamada Mesa de la Concertación Nacional, que tiene formalidad y legitimidad para proponer temas relativos al desarrollo del país –economía, educación, etc.- por cuanto fue creada por Ley, pero totalmente ausente de toda legitimidad y representatividad para hablar en nombre del pueblo, ha sido, sin duda alguna, un rotundo fracaso.
Cabe destacar que esa legitimidad, en lo tocante proponer reformas constitucionales no se la adjudica la Ley. Esto escapa de sus funciones legales.
El método más viable habría sido, no me cabe la menor duda, el de la Constituyente Paralela y el método ideal una Asamblea Constituyente Originaria.
En alguna entrega del pasado reciente, precisé mi apetencia por el mecanismo de la elección de 60 constituyentes. Estaba dispuesto a postularme para constituyente, no por vanagloria, sino por considerar, libre de inmodestia alguna, que bien podríamos aportar cosas positivas en estos temas constitucionales. El mismo fue menospreciado. Esta fórmula me parecía muy democrática.
Lo que estamos observando en los debates que se vienen dando en el hemiciclo panameño, también acredita desorden y trifulcas propias de un barrio limoso. ¡Vaya escenario para discutir el futuro de nuestra nación¡
Y cuando digo “futuro” no hago otra cosa que indicar la estrecha relación, muy íntima, que existe entre hombre-sociedad y Derecho.
El Derecho nos rige; nos circunscribe a un contexto jurídico general; nos establece pausas y reglas, y nos define hasta dónde y cómo podemos llegar en la realización de actos jurídicos. El Derecho nos consagra como ente principal del universo jurídico y nos establece una fisonomía legal en la cual debemos enmarcarnos para el desarrollo de la vida en familia, en sociedad y dentro del Estado.
Y si quienes tienen que discutir este panorama constitucional, desde ya, se están jalando las greñas, ofendiéndose entre sí con todo tipo de improperios e injurias, tendríamos que preguntarnos cuál ha de ser el producto de reforma constitucional, el quilate de las mismas.
Conforme a lo que también se está advirtiendo, podemos vaticinar que en un referéndum, esas propuestas de reformas están condenadas al fracaso, a la repulsa social. Tocaría analizar si, al final de cuentas, no es eso lo que se quiere por parte de quienes, a diestra y a siniestra, defienden la actual Constitución, pues la ven como la mejor herramienta para preservar intereses egoístas y como un instrumento efectivo para perpetuar el status quo.
Flaco favor se le está haciendo al país, a nuestro pueblo, con una propuesta de reforma constitucional que nació en cuna de manifiesta ilegalidad, y en su momento lo denuncié públicamente tanto en medios escritos como audiovisuales del país. También lo ha venido haciendo, de modo insistente, mi hermano Ramiro Guerra, quien se ha convertido, merced a su ubérrima producción de artículos de opinión, en un tábano que pica o muerde la pasividad e indiferencia de las mentes ingenuas.
Una Mesa de Concertación que desbordó y rebasó el marco de su propia Ley, pues en ningún momento estaba facultada para atribuirse la redacción de un Proyecto de Constitución. Cosa distinta habría sido un proyecto constitucional que emergiera de una Asamblea Constituyente Paralela.
Pero ahora qué es lo que tenemos?. Pues una Asamblea Nacional de diputados, prescrita para hacer las leyes del país, haciendo la constitución. También abandonando su función natural –hacer las leyes-, convertidos en constituyentes de la nación.
Ahora, como cosa de sobresaltos, que no faltan en nuestro medio, la Concertación Nacional sale a decir que estarán vigilantes de su proyecto; la Asamblea, por arte de birli birloque y luego de tantos traspiés, anuncia que se aprueba en bloques el proyecto de esta concertación –Mesa en la que el país nunca ha concurrido-; el vicepresidente anuncia que no descarta convocar a una constituyente paralela, entre tanto el país sigue marginado del respeto a su voluntad soberana.
¿Qué fue aquello que sucedió, de la noche a la mañana, que nos perdimos los panameños y que no tuvimos acceso a esos acuerdos políticos o de sobremesa que suelen darse en medio de carcajadas, risas por doquier, brindis con champagne, caviar y otros placeres?.
Un consejo oportuno: Mejor desistir de ese absurdo método para reformar la actual constitución o para hacer una nueva.
¡Juntos, hagamos Patria¡, ¡Juntos, hagamos la Constitución¡

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