Mil veces adiós…A un grande del periodismo

*Mil veces adiós…A un grande del periodismo*

*Por: Aquilino Ortega Luna*

Conocí a *Álvaro Alvarado,* hace como una millonada de años, 35 para ser exactos, en los pasillos de la hoy vetusta *Facultad de Comunicación Social,* de nuestra Primera Casa de Estudios, cuando estudiar periodismo todavía era un pensamiento sumergido en las profundidades del idealismo.

Hoy contra viento y marea, unos de los mejores discípulos de *Gaspar Octavio Hernández* parte parcialmente, dice adiós, con una lágrima en el corazón y un millón de anécdotas e historias en el motete del alma.

El adiós de *”un grande”* siempre, duele, aunque no sea para siempre, sobre todo cuando se da, sin penas, pero con muchas glorias.

Siempre, acucioso, beligerante impositivo y disciplinado, así es Álvaro Álvarado.

A veces odioso pero muchas veces querido, particularmente con aquello de la exclusividad noticiosa, de la primicia.

Desde un principio cuando Álvaro se bajó del caballo, soltó el montuno, se quitó las cutarras y colgó el sombrero a la pedraa, para mudarse a la ciudad, él sabía que alcanzaría el Podium, pero jamás imaginó que llegaría al corazón de los panameños, como lo hizo y para quedarse.

Si bien no es una “monedita de oro” para ser querido por todos, se empeña y hace su mayor esfuerzo por querernos a todos.

Profundamente espiritual, ha sido mi maestro y mentor periodístico aunque le llevo la ventaja de algunos años, en el kilómetraje de la vida.

Su amor y dedicación por la familia es digno de encomio.

Su devoción al *”Creador”* es admirable, al punto de motivarnos cada día con sus palabras y testimonio, a hacer lo mismo.

Los aplausos no alimentan su ego ni su vanidad.

Empero, destapar un escándalo que afecta al país y a los panameños, glorifica su trabajo sin perder la humildad.

A pesar de ser imperfecto, cree en la perfección del trabajo y cree en proclamar su fe en un Dios perfecto.

Cuando Álvaro Alvarado proyecta su credibilidad en una noticia, no necesita decir más nada, su testimonio personal habla con creces de lo que es como profesional.

Incisivo y puntual a la hora de armar una entrevista, sincero y transparente al hacer una amistad.

No todos lo aplauden por lo que hace, no todos lo admiran por su talento, pero todos lo respetan y reconocen que en el mundo del periodismo es *”uno en un millón”.*

Estoy seguro que todo no ha sido sonrisas y celebraciones en la vida periodística, de Álvaro Alvarado.

Se que han habido muchos momentos de lágrimas, en los que él ha querido dejarlo todo, para volver otra vez a la finca y tallarse el montuno, las cutarras y el sombrero a la pedraa” olvidado.

Pero no se fue y volvió a madrugarnos la noticia, cafa día, como un *guerrero invencible.*

*Hoy se va, sin irse, pero tampoco se queda, sin marcharse.*

Se que lo van a extrañar tanto los que lo admiran, como los que lo adversan.

Mis mejores deseos para el amigo, para el colega y para el hermano.

Espero que el trabajo desarrollado inspire a otros a, hacer lo mismo, a soñar con conquistar lo imposible.

Que los inspire a trascender fronteras, a escribir historias inolvidables, a cantarle a la vida.

Hasta pronto
Álvaro… No es más que un hasta luego, es sólo un breve adiós…

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