LA VÍCTIMA INOCENTE DE LOS SICARIOS DE CENTENIAL

En la jungla  de cemento de nuestro Panamá,  la guerra de los narcos se libra  a  punta de balas,  los calibres van desde pistolas automáticas 11 milímetros o municiones de guerra como las de una AK-47.

En la plaza centennial,  una joven venezolana de nombre Mariana Maciel, que vino a Panamá en busca de paz  y sobrevivir  al caos económico por el que pasa su país,  se llevó la peor parte de los delincuentes.    Trabaja como mesera en un restaurante,  donde  llegaron los hombres  que serían atacados más tardes por asesinos a sueldo.

La chica de 23 años,  vestía su uniforme negro y acababa de cobrarles la bebida que les sirvió cuando en segundos su suerte cambió, y varias balas la alcanzaron, no tuvo tiempo de huir ni esconderse.

Los sicarios tenían un blanco pero sus balas la  alcanzaron a ella, no tuvo tiempo de defenderse  de la infanmia de los hijos del diablo, de los que reciben dólares para llevarse la vida de cualquiera. La joven atendía  a uno de los hombres que intentaban matar los sicarios.

En el lugar de los hechos las historias comienza  a surgir de los testigos, que aseguran que los hombres que estaban sentados en el restaurante  llevaban armas e hirieron a sus atacantes.

Otra historia la cuenta la escena del crimen,  el auto que recibió más de veinte impactos de balas una camioneta nissan pathfinder, donde muere Carlos Javier. Las autoridades recogieron 33 casquillos de balas.  El auto reflejaba los impactos de los proyectiles, tanto del lado del conductor, como del pasajero.  El  arma que se le cayó a uno de los sicarios o delincuentes que abrieron fuego y múltiples  casquillos  de  balas en el piso,  que hacen imaginar  que lo de la madrugada fue un episodio al mejor estilo de la mafia de Nueva York.

En el caos que originó  este hecho violento uno de los hombre que escapaba evitando ser herido  se le cayeron sus documentos,  los cuales  ya tienen las autoridades.

La  asociación  de los  residentes del  área ARALPA piden a las autoridades  evaluar  estos permisos porque  estos comercios  generan ruido, la llegada de gente de mal vivir y autos mal estacionados.  Incluso  señalan como un lava auto se convirtió después en una discoteca, todo esto provocando que merme la calidad de vida de los que allí viven.

Hechos similares (ruido de bares) se registran en otros corregimientos como San Francisco.

PISTOLA  ABANDONADA EN EL LUGAR

 

 

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