LA TRAGEDIA DEL TECAL – EL TRIPLE HOMICIDIO

Por Julia Elena Alvear P.

La muerte  de tres mujeres a manos de un familiar conmueve el alma y arranca lágrimas de propios y extraños. Es una historia inèdita en los  casos criminales registrado en nuestro país.

Para algunos suene  a una  tragedia distante, pero es la realidad que puede tocar la casa de cualquiera que tenga un familiar  que consuma  drogas.

El caso del triple homicidio no trata sólo de las muertes violentas que nadie espera que llegue de las manos de un hijo, un nieto o un hermano,  es de la batalla perdida de una sociedad  que ya no tiene   a tres mujeres buenas y a una comunidad que se pregunta porqué  sucedió.

¿ Pero porqué  lo hizo? ¿ lo planeó?  ¿ porqué  elige a sus seres más queridos?  ¿ estaba bajo los efectos de las drogas?

LOS HECHOS

Siete de la noche, a  los vecinos  del Residencial El Tecal, en la calle 3ra, no les  fue extraño ver llegar  a Oscar Augusto González Cerrud de 24 años, porque en esa casa vivían la mujer  que lo trajo al mundo su hermanita de parte de madre y su abuela  materna.

Lo que nadie  pensó  es que este joven  quien acababa de salir de la cárcel  en su mente llevaba la idea de acabar con la vida de todas ellas.

No  alcanza la imaginación para pensar en  los minutos de  horror que debieron sufrir las víctimas.  Lo que sus ojos vieron antes de cerrarse, saber  que ese agresor  precisamente era el hijo, el nieto y el hermano de las víctimas.

LA ESCENA DEL CRIMEN

Cuando los investigadores llegaron donde  estaban las víctimas,  toda la escena del crimen le proporcionó  datos.  La posición de los cuerpos refiere a  quien logró  atacar desprevenida. Quien pierde de la vida primero y como.  También  qué tipo de violencia  se utilizó. En este caso fuentes confiable  señala que hay dos tipos de escena del crimen:  una  organizada y otra desorganizada en ambas se refleja el estado mental del individuo y su furia con la que fue quitándole  la vida.   “Los cuerpos presentaban marcados signos de violencia: golpes y heridas causadas con un objeto punzo cortante”. La primera en morir fue la abuela presentaba golpes, en la cabeza y heridas de arma blanca. La madre llega después con su hermanita y ataca a la madre,  a quien también agrede con golpes y un objeto punzocortante, la hermanita huye y se encierra en el baño pero la alcanza y acaba con su vida sin piedad. Por lo que cuentan los testigos  Óscar llegó a la residencia pasada las 5 de la tarde así que atacó primero a la abuelita quien no murió inmediatamente.   La  madre regresa a la casa pasada las seis de la tarde con la niña y es allí cuando las  ataca  a ellas. Usó cadenas golpes concentrados en el rostro y múltiples heridas con el cuchillo.  En la sala y parte del comedor  se encontraron diversos objetos contundentes que utilizó para acabar con la vida de su madre y abuela.

“Es un caso sin precedentes en los archivos  criminales registrados en Panamá”,  aseguró  esta fuente especializada a Panamá Press.

LAS VÍCTIMAS

 

En la casa  C-135  vivían Norma Edith Arancibia de 75 años,  la abuela que ayudó a  criar  a Óscar.  Mujer amable de buen carácter quería a su nieto y sufrió al verlo como  desde la edad  de los 10 a 12  años empezó a consumir  drogas.  Era el hijo mayor de su hija y vivieron juntos por mucho tiempo.

A Doña Norma la recuerdan por su dedicaciòn y entrega familiar ademàs de su rica cocina.

Siempre  vivió con su hija Norma y vio crecer a todos sus nietos.

 

Norma Cerrud Arancibia  la madre de Óscar,  tenía 45 años. Sus últimas horas hablan de su activismo político, una de sus últimas fotos, registra su sonrisa, su mirada buena de una madre luchadora quien participó cerca del  mediodìa  en una  actividad de una  candidata por el panameñismo.   LLevaba la cruz de su hijo.

Normita como le decía su mamá,  era la Directora de Premedia de Vacamonte y gozaba  de mucho respeto en el ámbito profesional docente.

Alegre y respetuosa amaba enseñar.  En el barrio a  Norma y su madre todas las conocían y  eran muy queridas por sus vecinos.

 

 

La víctima más pequeña fue la pequeña Erika Nicole Chanis Cerrud,  de  tan sólo 4 años, con toda una vida por delante y era la alegría  de la casa.  Su hermano alucinado le arrebató  la vida,  de manera dolorosa y cobarde.  Erika  es hija del capitán  Alberto Chanis quien trabaja en la Policía Nacional.

Aún no  asistía  a la escuelita, así que siempre estaba jugando en casa.  Creció rodeada del amor de su madre y como no amarla si cuando sonreía.  el mundo de la alegría  estallaba en ese hogar.

Ingeniosa y divertida como todas las niñas de su edad. se  sentía una princesa de cuentos de hadas.  Para ella no hubo piedad, no hubo respeto por ser pequeña e inocente. Cerca de ella una muñeca y otros juguetes fueron los testigos mudos que la acompañaron a la hora de su muerte.

 

 

 

EL VICTIMARIO

Sólo  tiene 24 y ya tiene el mote del asesino del TEcal.

Los malos pasos de Óscar con las drogas no era un secreto para los vecinos, ni familiares.

Abandonó los  estudios,  era como un alma  perdida en los infiernos de las voces del mal viaje que producen las drogas.  A pesar que su madre y su abuela trataban de orientarlo su rebeldía pudo más y poco a poco su vida se convirtió en una pesadilla de malas  decisiones que lo marcarían para siempre.

Y así llegó la mala hora,  donde cometería el peor de  los crímenes, acabando con la vida de las mujeres que en su momento fueron las que más lo amaron e  hicieron algo por él.

Sus problemas con las drogas comenzaron en el barrio  y en la escuela donde fue seducido por otros “amiguitos” que la consumían y lo fueron induciendo hasta que se convirtió en un verdadero adicto.

Al igual que otros consumidores, evolucionó a  drogas más fuertes, que afectaron toda la relación con su madre y abuela.  Pérdidas  de dinero,  peleas por mala conducta y hasta fue a parar a la cárcel.   En ocasiones se le trató de que participara en programas de recuperación, pero siempre terminaba saliéndose contó  a Panamá Press un familiar muy cercano.

Óscar se metía en muchos líos robaba, hurtaba hacía lo que fuera por comprar su droga y esto entristecía mucho a la mamá y la abuela, que ya no sabían  cómo ayudarlo.

Cometido el crimen  Óscar intentó fallidamente de suicidarse,  la policía lo arresta en las inmediaciones de la vivienda, que guardaba la escena  dantesca de los más bajos instintos de un ser humano. ”  El  estado cómo encontraron los cuerpos  causó un gran impacto   en los investigadores, la multiplicidad de golpes hechos con saña utilizando objetos contundentes, cadenas, un arma blanca dan cuenta de la  brutal actuación del “Diablo del Tecal”

A  estas horas Óscar  debe haber vuelto de su viaje alucinante, le espera la responsabilidad de la realidad de los tres homicidios donde los cuerpos de su madre, su abuelita y su hermanita de 4 años recogen todo el odio y la brutalidad de la que él fue capaz.

Para la Dra. Nilda Santamaría, psiquiatra el hecho de estar bajo los efectos  de las drogas no justifica la acciòn.  Es importante  estudiar a la víctima que lo motivó como decidió el momento de hacerlo.

El consumo de drogas provoca  alucinaciones y enfermedades mentales  a largo plazo, pero no por eso no eres responsables  de tus  acciones. Hay que ahondar más en las motivaciones afirma Santamaría.

En  estos momentos  el MInisterio Público desarrolla las investigaciones y  se  esperan resultados de toxicología  para determinar  a ciencia  cierta, si el victimario  estaba  bajo los efectos de las drogas, o si  padece un trastorno mental.  Su  estado de conciencia frente al bien y el mal cuando cometió  los asesinatos.

Las drogas  y los crímenes  violentos  están presentes  más  de lo que la gente y se imagina; entiéndase  como drogas al alcohol,  drogas de diseño (éxtasis),  marihuana, cocaína, piedra o crack. Las drogas logran matar las neuronas y deforman a los individuos que pierden facultades  afectivas,  valores de respeto.

En el valle de la muerte, reposan las almas cuyas vidas  fueron arrebatadas  por la ira, el odio, el infortunio y la maldad vestida de hombre.

En el valle de la muerte yace una pequeña  de 4 años, de ojos negros vibrantes, amada, que se sentía una princesa, que soñaba con ver llegar a su papá que la levantaba en brazos y la cubría de besos.

Allí  junto a ella pidiendo justicia están las almas de una  madre e hija, amigas, entrañables, una de ellas que ya no volverá a la escuela a  guiar sueños y esperanzas de otros. La mala hora las dejó a todas sin mañana.

La sociedad está en deuda. Ojalá sus muertes sirvan para hacer alianzas en la lucha contra el consumo de drogas.

 

 

 

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