La inutilidad de opinar

El Licdo. Evans Loo Ríos, es panameño, casado, de 74 años de edad,
Licenciado en derecho y ciencias políticas. Abogado y Politólogo. Es
egresado del Instituto Nacional de Panamá en 1964 y es miembro de lo
que se conoce como la “generación de enero”, que impulsó el proceso de
rescate del Canal de Panamá.
Hizo estudios secundarios en el Instituto Nacional 1958-1964, en la
Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, la
Universidad Interamericana de Educación (Uniedpa), y en el Instituto
Didáctico de Derecho (México).
Posee Certificado de Idoneidad para el ejercicio de la profesión de
abogado en la República de Panamá, expedida por la Sala IV de Negocios
Generales de la Corte Suprema de Justicia de la República de Panamá, y es
miembro del Colegio Nacional de Abogados, y ejerce la profesión de
abogado que combina con una movida actividad empresarial tanto en
Panamá como en el exterior

Licdo. Evans Loo

 

Hay toda una serie de precedentes, que muestran cómo los gobernantes y políticos, de todas las ideologías y épocas de la historia, han tenido interés por conocer qué piensan de ellos sus súbditos o ciudadanos. Desde la doxa griega, la vox populi medieval, la «reputación» de Nicolás Maquiavelo, las «murmuraciones varias del pueblo» de Diego Saavedra Fajardo o la «apariencia» de Maquiavelo o de Baltasar Gracián, la opinión pública ha sido el concepto dominante en lo que ahora parece referirse a la comunicación política.

Sin embargo, ya está claro, que opinión pública implica muchas cosas a la vez, pero, al mismo tiempo, ninguna de ellas domina o explica el conjunto.  En la Antigüedad, la opinión pública se remitía simplemente al diálogo que establecían los notables, es decir, sólo aquellos que no dependían económicamente de otros. Una ley de la antigua Atenas declaraba infame y detestable, castigando con el destierro, al hombre que, tratándose de la causa pública, no manifestaba y declaraba su opinión. Por este medio se sabía el modo de pensar de cada uno.  Aquí se califica de infame y detestable, a quien denuncia, critica y señala, la corrupción de políticos y gobernantes.

En algunos momentos de la historia, la opinión pública, llegó a conceptualizarse, como la opinión «del pueblo» u «opinión de la multitud». Se define como la tendencia o preferencia, real o estimulada, de una sociedad o de un individuo, hacia hechos sociales que le reporten interés; y llega a manifestarse con acciones colectivas públicamente visibles como: Protestas callejeras y cierres de calles, huelgas y paros, boicots, piqueteo, recientemente, manchetas por las redes sociales virtuales.

En nuestro país, la opinión pública desde la década del setenta al día de hoy, nunca ha sido escuchada, con lo cual queda demostrado una vez más, que, desde hace rato, no estamos dentro de un régimen democrático.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu afirmó, que «la opinión pública no existe», y mucho menos es posible identificarla por lo que se publica, ya que los medios de comunicación, además de tomar postura, muchas veces, publican y difunden solo las opiniones que desean y les conviene a los dueños del medio.  Para la escritora y politóloga alemana, Elisabeth Noelle-Neumann, la opinión pública son todas aquellas opiniones sobre hechos controvertidos expresadas en público sin temer caer en el aislamiento.

En nuestro país, los diarios, revistas, programas de radio y televisión, contienen espacios dedicados a la opinión, pero, ¿de esas opiniones, vertidas con animo de destacar hechos positivos o negativos de conductas asumidas por gobernantes y políticos, han sido tomadas en cuenta? Lamentablemente ninguna.  ¡Son papel que se bota al día siguiente y palabras e imágenes que se pierden en el viento y el ciberespacio!

En una nación donde la actividad política, es generadora de multitudes de falsas amistades, y a su vez de incontables enemigos personales verdaderos, con una muchedumbre incapaz de acometer la lucha frontal por sus derechos, y que no está dispuesto a combatir por su existencia o no se siente capaz de ello, la opinión publica o de cualquiera es innecesaria, ya que inexorablemente está predestinado a desaparecer, y esto por la justicia eterna de la providencia.

Y siendo esto así, hemos preferido no verter a partir de hoy, ninguna opinión, recomendación o sugerencia, porque estamos convencidos solo servirá, para cubrir cortometraje en los medios escritos, o de tiempo-aire en los medios del espectro radioeléctrico.

Pasamos a un periodo de hibernación.  Un periodo de silencio sobre lo que acontezca en el país, porque si a la gente a quienes afecta a situación, no se pronuncian como debe ser por la defensa de sus derechos, a mi tampoco debe importarme lo que les pase, si mueren de hambre, de falta de salud, por inseguridad, no es asunto mío, ellos son los responsables que sea inútil opinar, que asuman las consecuencias. Que se refugien en los templos e iglesias, cualquiera sean sus creencias.

Concluyo este artículo, agradeciendo a los medios de comunicación social, que, sin ninguna clase de interés, publicaron artículos donde plasmé mi opinión personal,  en la búsqueda de un Panamá, mejor; así como aquellos radiales y televisivos que me abrieron sus espacios. Y, sobre todo, a quienes compartieron mis impresiones, o las rechazaron con tolerancia y dignidad.

A todos ustedes, salud, salud y salud. Y sobre todo buena suerte….

Licdo.EvansA.Loo Abogado

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