Artículos de Opinión

Justicia y desarrollo
22 de septiembre de 2019
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Justicia y desarrollo
Franklin Castrellón
Periodista

No es un secreto que la justicia en Panamá está en crisis. Ensayando una analogía, “está en pañales impregnados de excremento”. Y, ¿Quiénes son los principales culpables? Desde mi perspectiva, la crisis es producto de la colusión entre políticos, empresarios y algunos abogados que, en el ejercicio de su profesión, dan más importancia al dinero que al mandamiento que los obliga a luchar por el derecho. Ese mismo mandamiento les advierte que, “el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia”.
Tan grave es la crisis, que el ciudadano promedio percibe que la justicia ofrece más garantías al victimario que a la víctima. A manera de ejemplo, individuos sorprendidos infraganti cometiendo hurtos, violaciones y otros delitos reciben protección de su identidad por las autoridades, y luego de liberados en cuestionados juicios, regresan a sus lugares de operación a cometer delitos y amenazar a sus víctimas.
El mismo ciclo se repite bajo la llamada “justicia comunitaria de paz”, instituida por la Ley 16 de 2016, mediante la cual fueron eliminados los corregidores y reemplazados por jueces de paz. El fracaso ha sido tal que el ministro de Seguridad, Rolando Mirones, lo reconoció el 10 de septiembre. “El otro día, una persona le disparó 12 veces a una dama”, relató. “Afortunadamente, no tenía buena puntería y no logró impactarla; pero a esa persona que disparó la llevaron al juez de paz y este le dijo, ´no lo vuelva a hacer’ y la soltó”.
Ese mismo día, alcaldes y representantes reunidos en Palacio con el presidente Laurentino Cortizo se quejaron del fracaso de la justicia comunitaria de paz pues, además de ser ineficaz, su costo es cargado a los municipios. En buena medida, la proliferación e impunidad con que actúan las pandillas vinculadas al crimen organizado, es consecuencia del fracaso de la Ley 16.
Pero, sin lugar a dudas, el más grave daño al país y a su reputación internacional es el que genera la colusión entre políticos, empresarios y el sistema de justicia, especialmente el Órgano Judicial, para esquilmar al estado recursos que, de otra suerte, irían a resolver problemas de educación, salud, agua potable y otros. La gravedad de este problema la ilustró el periodista Fernando Martínez (Radar, 22 de septiembre de 2019) al señalar que de los 109 casos de alto perfil investigados por el Ministerio Público, solo en 4 se han dictado condenas.
La magnitud del daño que causan los delincuentes de cuello blanco lo ilustra el hecho de que un solo delito de esa naturaleza causa mucho más daño que el causado por miles de delincuentes comunes. Peor aún, los estudios revelan que los enormes beneficios económicos obtenidos por aquellos superan, en exceso, el riesgo de ser condenados, lo que se traduce en un incentivo para delinquir. Sobre todo en países en donde la justicia ha dejado de cumplir su cometido.
La crisis de la justicia en Panamá es de tal magnitud que llevó al prestigioso jurista Carlos B. Pedreschi, en discurso de homenaje a los próceres el 2 de noviembre de 2014, a expresar, “con pesar que, sinceramente, no sabía dónde había más abogados corruptos, si en el Órgano Judicial o fuera de él”. Ello a sabiendas de que la inmensa mayoría de los abogados panameños honran la profesión.
Al reconocer esa lamentable realidad, el presidente Cortizo se comprometió en su plan de gobierno a garantizar la seguridad jurídica, comenzando con la designación de magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) “que gocen de credibilidad y brinden la confianza para administrar justicia y garantizar las inversiones”. Asimismo, aseguró que dotará al Órgano Judicial y al Ministerio Público de autonomía financiera, lo que los liberará de futuras presiones políticas.
La próxima designación de tres magistrados de la CSJ develará cuán comprometido está el presidente en cumplir esas promesas, e iniciar el proceso de restauración de un sistema de justicia del que todos los panameños nos sintamos orgullosos.

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