Artículos de Opinión

DEFENDIENDO LO ACUSATORIO: NECESIDAD O CAPRICHO.
11 de septiembre de 2019
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Abogado y Catedrático Universitario

Por: Silvio Guerra Morales.
El mundo entero, en lo que corresponde a las formas de juzgamiento penal, a finales del siglo XX y con mayor énfasis en los primeros lustros de lo que va del XXI, pudo arribar a la conclusión que el sistema acusatorio se presenta como el mejor método de debate judicializado, no tan sólo para determinar la responsabilidad penal del acusado, sino también en lo que atañe a la aplicación de penas, medidas cautelares o subrogados penales y otros resortes de la cesura del proceso penal.
A este acuerdo o pacto por la vigencia y aplicación de la reglas principios propios del sistema acusatorio, no se arribó por arte de birli birloque, sino que siglos, que fueron subyugados por la primacía del sistema adquisitivo, de tal suerte que miles y millones de personas fueron victimizadas, hasta la muerte inclusive, con la aplicación de sus denominados principios y reglas, todos ellos, por demás que irracionales e ilógicos, pusieron de manifiesto la crueldad del sistema y la humanidad ya no pudo más.
Quién podría olvidar los llamados Juicios de Dios o las Ordalías: la prueba del agua hirviendo, la del hierro candente, el estiramiento de extremidades inferiores y superiores aplicando una fuerza brutal hasta desmembrarlos del cuerpo, el despellejamiento, etc.
De manera tal que, llegar a sostener, en nuestro país, que el sistema acusatorio pone libre a delincuentes y declara inocentes a culpables, deviene en una verdadera expresión de deshumanización a como también de auténticas contradicciones con el espíritu y la esencia del Derecho y la Democracia.
Basta recordar que el vigor y fortaleza, extremadamente despiadados, del sistema inquisitivo fue aplicado por la Iglesia Católica, poder que le fue retirado, en España, a finales del siglo XIX. La forma despiadada de juzgamiento y ejecución penal, armas, maquinarias e instrumentos, se evidenciaron durante setecientos años. También es necesario mencionar que las acusaciones en contra de las personas, bajo el sistema inquisitivo, el 99.9% de lo casos se basaban, cuando no en las conjeturas, suposiciones, chismes o bochinches, en la mera complacencia del obispo o cardenal para aniquilar a todo aquél que no gozaba de su afecto o amistad.
Contrariando al sistema inquisitivo, los sistemas inspirados en la forma pura acusatoria o de corte acusatorio, como es el nuestro, se rebelaron contra toda esa irracionalidad de la ancien régime de juzgamiento penal. Por ello, en lugar de la presunción de culpabilidad se ensalzó la presunción de inocencia; en lugar de la prueba tazada o tarifa legal probatoria se elevó a categoría de paradigma probatorio la sana critica; en lugar del juez divorciado, alejado, en la práctica de las pruebas, se le impuso como regla la inmediación procesal; en lugar de tener al fiscal, que actuaba como juez y parte, se impuso como norte que éste sólo estaba para investigar los hechos de manera objetiva e imparcial; en defecto del juez autoritario y monárquico surgió la figura del juez de garantías como un juez cuya actividad judicial se encadena con fuertes eslabones a la Constitución, a la Ley y a las Convenciones sobre Derechos Humanos; a los organismos que colaboran con las investigaciones se les dio ese carácter en lugar de pesquisidores perversos que fabricaban la prueba, todo con el propósito amañado, a como diera lugar, para condenar al acusado aun cuando este fuera inocente. Por la síntesis que presenta este artículo, suspendo el caudal de ejemplos, peros tratados muchos se han escrito sobre esta materia y sobrarían para ser citados.
De manera tal que, el pecado o la culpa no se encuentra en los jueces de garantías ni en los tribunales de juicio. No. No nos equivoquemos. No llamemos errores o fallas del sistema acusatorio aquello que es representación de su esencia: velar por el Estado de Derecho. Los defectos hay que ubicarlos en otros escenarios: cuando el policía pervierte el procedimiento para una detención; cuando el agente de la DIJ prostituye su actividad; cuando el fiscal contrae la verdad por la falsedad y también cuando se pervierte por uno u otro funcionario, las reglas propias del sistema acusatorio.
Claro que hay cosas que corregir en el sistema acusatorio. De ellas he escrito varias veces: exceso de trámites; burocratismo judicial; autoritarismo de no pocos jueces; irrespeto a los abogados; elevados costos periciales; exceso de audiencias en la etapa investigativa, etc.
Convocamos, luego a un debate serio, pero dirigido a fortalecer el sistema acusatorio; a oxigenarlo de un auténtico garantismo constitucional, convencional y legal. Pero para ello se requiere una sola condición: consenso de buenas voluntades.

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