Artículos de Opinión

CROAN O DE LA ENTREGA DE NUESTRA SOBERANIA
24 de febrero de 2021
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CROAN O DE LA ENTREGA DE NUESTRA SOBERANIA

Por: Silvio Guerra M. 

 

D. Rubén Darío Paredes, militar de alta alcurnia, hombre mesurado y parco cuando habla, con participación en  históricos episodios de nuestra vida política, primordialmente en la llamada “Época de los Militares”,  censurado por algunos que aluden al argumento ad hominem (subjetivo o “contra el hombre”) de ser un castrado eunuco en el sagrado derecho de emitir opiniones críticas y oportunas sobre temas nacionales y a quien le espetan “Usted no tiene autoridad para hablar”, a como también se lo advierten  a otros que lo hacen, no ha dicho falsedades ni mentiras respecto al denominado Memorando de Entendimiento entre el Gobierno de la República de Panamá y el Gobierno de los Estados Unidos de América para la Creación y Apoyo del Centro Regional de Operaciones Aeronavales (CROAN) y la Fuerza Marítima Conjunta-PANAMÁ (FMC-P). Su análisis fue divulgado en unos audios que circularon el fin de semana pasado y que, gustosamente, escuché atenta y detenidamente. 

    Antes,  de entrar en materia, precisa señalar que el pasado de un hombre, cualesquiera  que haya sido, jamás le proscribe su derecho a opinar y a criticar. Y menos cuando su pasado es objeto de críticas acres de sus opositores. Por ello, inmediatamente viene  a mi memoria la Sentencia divina del Señor Jesús: “Tire la primera piedra aquel que  entre ustedes se encuentre libre de pecados” (Juan 8:7).  

      Su calificación transita, en lo medular, que dicho Memorando violenta el Artículo V del Tratado sobre Neutralidad Permanente del Canal de Panamá.  Por otro lado, el propio Tratado sobre el Canal de Panamá Torrijos-Carter dispone en  uno de sus articulados que  después del 31 de Diciembre de la año 1999, media noche, no habrían más bases militares, de Estados Unidos ni de ningún otro estado, en Panamá,  que no sean las nuestras. El Artículo V del Tratado de Neutralidad le confiere a la República de  Panamá el monopolio en relación con el manejo y la defensa del Canal. Señala que sólo Panamá podrá tener sitios de defensa o fuerzas armadas en el Área del Canal.

    Es claro que para la fecha de 1º de Octubre de 1979, como lo afirmara MARCO A. GANDASEGUI (h) en su estudio La Transferencia del Canal de Panamá, desapareció la llamada jurisdicción norteamericana sobre el área que rodeaba la vía interoceánica y que se llamaba Zona del Canal. Como el la calificara “Esta  aberración jurídica fue introducida, unilateralmente, por EEUU en enero de 1904 cuando puso en ejecución los linderos señalados por el Tratado Hay-Bunau Varilla”.  De allí que todo intento, siquiera pensado o sugerido, de anular la jurisdicción y la soberanía panameñas en todo nuestro territorio, incluida las  áreas canaleras, deviene en otra aberración adicional que los panameños no podemos permitirnos bajo ningún concepto o modalidad que se pretenda. 

    Para el año 1995 el Ex Presidente Ernesto Pérez Balladares anunció que iniciaría “conversaciones” con los Estados unidos de América a fin de explorar la eventual posibilidad de instalar en la Base aérea de Howard un centro especialmente equipado para identificar, perseguir y reprimir todo el tráfico de drogas ilícitas en la región. Este propósito fue objeto de innumerables criticas y la más acre oposición  del pueblo panameño el cual  a través de intelectuales, políticos, sociedad civil, etc., dejaron plasmada la idea de que el denominado  Centro Multilateral Antidrogas (CMA)  representaba  un claro y manifiesto intento de ocultar o de disfrazar la eventual instalación y presencia de una base militar a orillas del Canal. Lo cual era y es inadmisible ante los contenidos propios de nuestros dos tratados: El del Canal de Panamá   y el de Neutralidad Permanente del Canal. 

    A principios de 1998, como lo advirtió GANDASEGUI,  “Se filtró el borrador de acuerdo entre los dos países y fue publicado en la prensa internacional. La divulgación del acuerdo desató un fuerte movimiento contrario a la creación del CMA, encabezado por grupos nacionalistas. Como consecuencia de la derrota del gobierno en la consulta popular de fines de agosto y el rechazo popular a lo que se consideraba una base militar disfrazada, el presidente Pérez Balladares anunció en septiembre de 1998 que desechaba el proyecto de crear en Panamá un centro dedicado a la represión del tráfico ilícito de drogas hacia EEUU”.   

    Es de anotar que el Canciller panameño que negoció el Centro Multilateral Antidrogas (CMA) con EEUU, fue el extinto hombre de letras y filosofó político DR. RICARDO A. ARIAS, quien reconociera públicamente que en Panamá no existía ambiente para que continuara una presencia militar norteamericana en el siglo XXI. Lo dijo de este manera, haciendo acopio de lo escrito por  GANDASEGUI: “Cuando me encargué de la Cancillería me reuní con distintos sectores nacionales, políticos, cívicos, sindicales y grupos académicos para efectos de determinar si en Panamá, o por lo menos en el Panamá organizado, existía algún ambiente para la prórroga de bases militares. Después de numerosas reuniones que duraron dos o tres meses, llegué a la conclusión, y así se lo manifesté al Presidente (de la República), que en Panamá, por lo menos a nivel de los grupos organizados no había ambiente para la prórroga de bases militares”.

Panamá no es tan solo el Istmo de Centroamérica que tiene cuatro milloncitos de habitantes.   Es más que eso: Somos el centro del mundo, el corazón del universo. Nuestra posición geográfica sigue siendo, hoy, como ayer, envidiada y atractiva por y para poderes de toda clase que gravitan en el mundo entero buscando siempre el acomodo y la ganancia, pero darnos el lujo de estar quebrando nuestros propios principios de vida republicana, nuestras instituciones de Derecho Internacional, entre tantas otras cosas, convirtiéndonos en una especie de arlequín de Estados Unidos, con dominio y poder absolutos de ellos para hacer y deshacer sobre la base o el pretexto de combatir la delincuencia organizada y el narcotráfico, el trasiego de drogas, etc., cosas que sin duda alguna hay que hacer, pero sin renunciamiento alguno de nuestra identidad como estado y de nuestra propia dignidad nacional, es algo que no podemos permitirnos. 

    Sin duda alguna, basta leer el documento que contiene el CROAN, para percatarnos que hay un claro renunciamiento a nuestra jurisdicción y a nuestra soberanía (Ver el Punto V-Numeral 5:  Por parte de Estados Unidos “Coordinar con el Ministerio Público y Cancillería para la judicialización de investigaciones internacionales”). Esto es algo como decir: “Abramos un expediente o una investigación penal”. Panamá es soberana en su potestad del ejercicio del ius puniendi o derecho a investigar y penar los delitos perpetrados  bajo su jurisdicción. También se advierte en el     punto V, Numeral 1: “Brindar apoyo a través de asesores y analistas a nivel operacional y táctico en el CROAN. Esto no sería problema si al menos dijera: “Siempre sujeto dicho apoyo o asesoría a la determinación o decisión  de la  autoridad panameña competente y  conforme a su régimen jurídico interno”. Como si fuera poco, cosa inusual en un buen entendimiento, apegado a Derecho, se prescribe en el Memorando de Entendimiento (Entrega de nuestra jurisdicción y soberanía) que el mismo no genera obligaciones ni compromisos para ambos estados bajo el derecho internacional.  Ello  es, a no dudarlo,  contrario a nuestro constitucionalismo que siempre ha estado ceñido o regido por la existencia y primacía del Derecho Internacional, , al menos desde  el año 1983 cuando se incorpora a nuestro ordenamiento constitucional, tras la aprobación de las reformas constitucionales,  la clausula “Pacta   Sunt Servanda –Lo pactado obliga a las partes.  a los Estados Unidos de América le resbala el Derecho Internacional, sencillo, no creen en él.  De modo que hay una renuncia expresa de nuestra constitucionalidad  –renuncia al Derecho Internacional- por parte de Panamá y Estados Unidos feliz, pues no renuncia a nada que valga la pena.  Ni  siquiera en lo mínimo. 

    En ese mismo orden, en el Punto V, Numeral 12, se prescribe que  es intención del los Estados Unidos “Negociar un acuerdo de intercambio de información entre el Departamento de Defensa (DOD-EEUU) y el MINSEG (Ministerio de Seguridad de Panamá).  Pregunta: ¿Qué tipo de información?:  Será tan solo la información de los delincuentes o presuntivos delincuentes  de mar, o también la de los panameños  y de todos los que vivimos en este suelo?.  Muy delicado. 

    Argumentar que este Memorando no es lesivo a los tratados porque no se instala ninguna base en nuestro territorio, me parece muy infantil.  Tal vez no, pero hay bases digitales, sistemas sofisticados que van mucho más allá que una mera estructura de base naval o de la  clase que fuere.  Nuestra autoridades al parecer no se dieron cuenta de ello o han sido muy ingenuos o mucha  genuflexión ha habido.   Y en política, como en diplomacia, la ingenuidad –o tal vez  las imposiciones- se paga muy cara. 

    No puede ser cierto, jamás, que un solo hombre, un ministro, nos comprometió a todos, sin consultarnos o explicarnos al menos,  con la firma de un  Memorando que anula nuestra identidad como estado y como República.  Y al parecer solo unos cuantos se han percatado de lo grave del asunto.  En época de pandemia se han hecho muchas cosas, feas e irregulares, pero esta es mucho más gravosa de lo que  podamos pensar.   Sean nuestros aliados, señores de los Estados Unidos, eso es bueno, pero no a costa de nuestra soberanía  y de nuestra jurisdicción, inclusive, de nuestra vida privada. 

    Como concluyera GANDASEGUI en el precitado ensayo:  “El futuro del Canal de Panamá está íntimamente ligado al desarrollo de la Nación panameña. Cualquier intento de subordinar la vía acuática a nociones ideológicas de merado arrastraría el Canal a una situación de inseguridad económica e inestabilidad política. Por el contrario, el factor que le daría mayor seguridad al futuro del Canal sería su integración a un proyecto nacional con capacidad de integrarse a los procesos mundiales de unidad política y de integración económica” (Subrayado nuestro).

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